Martes , 19 marzo 2019

AMLO Y LA MONTAÑA DE GUERRERO

Ángel Aguirre Rivero

A mi hijo Ángel, quien mañana cumple dos años de haber partido.

Acapulco, Gro; 11 de enero de 2019. – Este día visitará La Montaña alta de Guerrero el presidente Andrés Manuel López Obrador para arrancar el Programa de Apoyo a Discapacitados, conforme a una de sus promesas de campaña. Lo saludamos y lo celebramos.

La Montaña Roja –como la llamara uno de los íconos de la lucha social, don Othón Salazar–, es sin duda la zona más pobre de nuestro país; ahí se localizan los municipios de Metlatónoc y Cochoapa El Grande, donde viven quienes más carecen, de acuerdo a cifras oficiales.

Sin embargo, quien haya visitado esa región –en especial la zona de la Cañada–, habrá constatado las grandes fortalezas productivas y la vocación de su gente por el trabajo.
La cercanía de Tlapa con Puebla, y la obra carretera inaugurada recientemente –que acorta el tiempo de traslado al estado vecino–, sin duda son una ventaja competitiva.

Falta una decidida inversión federal.
Durante su campaña política, López Obrador prometió que de ganar la Presidencia, destinaría más inversión que en otras regiones del país, a la Montaña y la Sierra de Guerrero; “justicia es darle más al que tiene menos”, dijo en Tlapa el 7 de junio del año pasado.

Alguna vez siendo gobernador de Guerrero, tomé la determinación de llevar a mi gabinete en pleno a pernoctar en Cochoapa El Grande y hospedarlos en casas de las familias indígenas, para que tomaran conciencia de hacer algo por estas comunidades que carecen de la mayor parte de los servicios públicos.
Aún tengo presente el rostro de angustia y tristeza de Alejandra Frausto, quien no pudo soportar el llanto para decirme: –Don Ángel dormí en una choza muy pequeña con cinco niños y una mujer abandonada, pues su esposo se fue a trabajar al norte para tener algunos ingresos para su familia. Se me partió el alma cuando uno de estos niños me interpretó una canción con su “guitarrita” a la cual le faltaba una cuerda y prometí regalársela y estar en contacto con esta familia.

Paradojas de la vida: Metlatónoc sumido en la miseria con un potencial extraordinario forestal, que bien podría establecer –si se impulsa un proyecto ecológicamente sustentable– una fábrica de muebles que abastezca a todas las escuelas de Guerrero y las oficinas gubernamentales al menos.

La vía carretera a ese municipio ofrece un paisaje boscoso espectacular y da testimonio de lo que señalo.

Durante mi gestión, emprendimos un programa de siembra de nopales y maguey con fines comerciales, hicimos la introducción del drenaje y agua potable, una unidad deportiva y alentamos la creación de algunas orquestas infantiles.

Por ello estoy convencido, señor presidente López Obrador, que la mejor forma de honrar la palabra empeñada, es apostar a la Montaña con fines productivos y no sólo con programas de asistencia social.

¿Por qué no rehabilitar de a deveras la carretera Tlapa-Marquelia, y darle continuidad hasta llegar a Puebla, con lo que fortaleceríamos nuestras relaciones comerciales con esta entidad?

¿Por qué no implementar un programa similar como el de la Selva Lacandona para la siembra de árboles acordes a la región? Por ejemplo, rescatar al linaloe, que en náhuatl significa copal florido; es un árbol cuya madera expide un olor muy agradable pero hoy casi no existe. Con el se elaboran las hermosas cajitas y cofres de Olinalá.

¿Por qué no persuadir a algunos empresarios nacionalistas que inviertan en fábricas que le den empleo a muchas familias de la región?

Sin duda una de las grandes noticias que nos alentó a los guerrerenses fue el traslado de la Secretaría de Salud a Acapulco, y estamos listos para recibirla.

¿Por qué no iniciar el proceso de descentralización de la Secretaría de Salud que haga posible que los servicios se mejoren, especialmente en estas zonas donde se encuentran los más altos índices de mortalidad infantil y materna?

¿Por qué no rescatar la siembra de arroz, mamey y cacahuate en el valle de Huamuxtitlán?

¿Por qué no rescatar la zona arqueológica de Contlalco, en Tlapa, patrimonio histórico que se remontan al señorío Tlapa-Tlachinollan que nos dejó vestigios de su tiempo a través de los importantes Códices Azoyú I y II?

¿Por qué no implementar un ambicioso programa de apoyo a nuestras artesanías como las de Olinalá y Xochistlahuaca, que con sus manos mágicas elaboran nuestros artesanos?

Nuestra Sierra guerrerense lucha por salir del círculo vicioso de la violencia y la inseguridad. Actualmente vive una crisis por esa causa. La siembra y cultivo de amapola y mariguana puede ser en vez de debilidad, fortaleza, si se hacen las reformas necesarias.

Consolidar y modernizar la fabricación de mezcal; la conversión de cultivos y el aprovechamiento del potencial agrícola, ganadero y ecoturístico podrían reescribir la historia de esta región.

¿Por qué no crear las primeras universidades indígenas con carreras acordes a la vocación productiva de estas regiones?

Tenemos que asegurar que ninguna familia vuelva a sufrir los embates de la indiferencia, desigualdad u olvido de las autoridades.

El desafío es grande, debe sobrepasar siglas políticas y trasladarse al asunto de lo económico; el reto de lograr la justicia social es de todos y todas.
En fin señor Presidente, nuestra pobreza es tan ancestral que podría seguir escribiendo todo un libro de lo que nuestros paisanos han padecido, pero también nuestra riqueza.

Le deseo lo mejor en su estadía y no se olvide que el de Guerrero ha sido con usted un pueblo leal y generoso.

Del anecdotario

Joan Sebastián me había ofrecido una comida en su hacienda de Juliantla. Al término, me invitó a presenciar el jaripeo de su pueblo, donde montó un caballo hermoso de nombre El Tequilero, que decidió obsequiarme –cuando apenas contaba con tres caballos–, un gesto que nunca olvidaré.

En correspondencia, lo invité a comer a mi casa en Chilpancingo, pero antes pasamos a ver los únicos dos caballos que yo tenía: uno de nombre El Costeño, que me había regalado mi entrañable amigo Lauro Justo Herrera, de Azoyú; el otro, de nombre El Pirata que yo había adquirido para montar de vez en cuando en las instalaciones de la Policía Montada.
Después de mostrárselos a Joan, le pregunte:

–¿Cuál te gusta más de los dos?
–Cómo crees licenciado… de ninguna manera.
Le insistí.
–Bueno, si de escoger se trata, me quedo con El Costeño.
–Perfecto –le dije–, te lo mando a tu rancho.

Nos fuimos a mi casa a la comida y seguimos conversando sobre El Costeño. Mi hijo Ángel de tan solo 4 años, estaba muy atento a nuestra charla.

–¿Cómo ves angelito?, le voy a regalar a mi amigo Joan El Costeño –al cual mi hijo adoraba pues en él había aprendido a montar.

Aún tengo viva su imagen, al soltar el llanto para decirme:
–¡No papá, no papá!, El Coñoñon no.
Así le llamaba él al Costeño. Mi amigo Joan se conmovió al ver la escena, y de inmediato saltó:
–¡No mi licenciado, El Coñoñon no!
Y pues le tuve que mandar El Pirata, porque el otro era el consentido de mi hijo Ángel.

Hay Dios mío, por qué se nos va lo bueno…
La vida es así…

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